Por las arboledas del Tamarit
han venido los perros de plomo
a esperar que se caigan los ramos
a esperar que se quiebren ellos solos.
El Tamarit tiene un manzano
con una manzana de sollozos.
Un ruiseñor agrupa los suspiros
y un faisán los ahuyenta por el polvo.
Pero los ramos son alegres,
los ramos son como nosotros:
no piensan en la lluvia y se han dormido
como si fueran árboles, de pronto.
Sentados con el agua en las rodillas
dos valles aguardaban al Otoño.
La penumbra con piso de elefante
empujaba las ramas y los troncos.
Por las arboledas del Tamarit
hay muchos niños de velado rostro
a esperar que se caigan mis ramos
a esperar que se quiebran ellos solos.